DOMINGO IV DE PASCUA

«Yo soy el Buen Pastor»
La imagen de Jesús como Buen Pastor le presenta cuidando y protegiendo, no sólo a los suyos sino también preocupándose de los que son de otros «rediles». A todos quiere comunicar Vida y por todos está dispuesto a dar la Vida.
Dar la vida es ponerla al servicio de los demás, como hizo Él. Sólo lo que se da se gana. Todo lo que se guarda, se pierde. De la vida sólo permanecerá lo que se entregue.
Pedro, en su predicación, ofrece sin tapujos el mensaje: el Jesús rechazado por los jefes de Israel es el único Salvador, la piedra angular.
El cristiano se gloría de la grandeza de ser hijo de Dios. Y aún no se ha manifestado todo lo que será: semejante a Él, porque lo verá tal cual es. Esta condición de hijo de Dios es ofrecida a todo ser humano.
“Yo doy mi vida por las ovejas”
“Vino sin perros, sin asalariados, sin bastón... Sólo con actitud de clemencia, con los arreos del amor” (San Ambrosio).
Jesús se define como Buen Pastor: conoce, defiende, da vida, reúne, acompaña... Cuando en el “pastoreo” entran los intereses del dinero, el cargo, el ascenso, los honores, los propios intereses..., ya tenemos un mercenario.
“Conozco a las mías y las mías me conocen a mí”: conocer en la Biblia significa amor recíproco, comprenderse sin palabras, íntima comunión, relación profunda y personal.
Sólo Jesús me conoce del todo. A mí me corresponde conocerlo más, escuchar su voz y dejarle ser Pastor de toda mi vida. Jesús nos revela cómo es Dios: cura, quita el hambre y la sed, prefiere a los últimos, es capaz de sembrar y sembrarse, es levadura, sal y lámpara, arriesga la vida, reconcilia, perdona, da vida, se compadece. ¿Qué sentimientos y actitudes provoca en mí saberme conocido y amado por Jesús, y saber que, como a mí, conoce y ama a todos los seres humanos?
Jesús muestra su programa universal: el Padre le ha encargado de reunir a todos los hombres en una familia de hijos y hermanos, hogar abierto a todos y donde todos puedan sentarse en torno a la misma mesa sin escandalosas desigualdades. Para ello, se han de derribar tronos y fronteras, abrazar a los heridos del camino, curar sus heridas.
Todos estamos llamados a ser transparencia del Buen Pastor. Es nuestra misión, no una carga, sino un encargo. En la comunidad de Jesús todos somos pastores y ovejas, hermanos a quienes incumbe el cuidado de los demás. Sentirse “pastor” o sentirse “oveja” depende de mi situación y de la del hermano, de su necesidad y de la mía, de mis fuerzas y de las suyas.

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