REFLEXIONES

1. - Estamos ante una coincidencia del calendario. El Día de San Juan Bautista, 24 de junio, cae este año en domingo y entonces celebramos su fiesta con la Solemnidad que nos marca la Liturgia. Y merece la pena. Juan el Bautista es uno de los personajes más enigmáticos y atractivos de la Sagrada Escritura. Desde el seno de su madre, ya tenía prevista su misión. El Evangelio de San Lucas recoge el momento de ponerle nombre. Con anterioridad Lucas ha contado como el sacerdote Zacarías, al tocarle turno para entrar en el santuario a ofrecer incienso supo que el Señor había escuchado sus oraciones para librar a su mujer de la esterilidad. Un ángel le esbozo el destino y misión de su futuro hijo. Dudó y fue castigado con la mudez. Pero cuando el niño recibió el nombre, volvió a hablar. Nació, pues, Juan con su nombre y su misión ya establecidas por Dios.
2. - Hay otro episodio y hermosísimo en el evangelio de Lucas que es la Visitación. Cuando María, que acaba de recibir al Arcángel Gabriel y sabe que va a ser la Madre de Cristo, recorre un largo y abrupto camino para visitar a su prima encinta. El niño, Juan, al oír que la Madre de Dios acude cerca de Isabel, salta en su seno. Es también un encuentro prodigioso en el que se ve la importancia de lo que esos dos niños acometerán 30 años después: nada menos que reconciliación entre Dios y los hombres, tras el pecado original de Adán y Eva. Nada sabemos de los años posteriores de Juan. Apenas, asimismo, habla el Evangelio de la infancia y la primera juventud de Jesús. Juan, debió retirarse muy joven al desierto a prepararse. Su forma de vivir y de vestir hace pensar que allí encontró refugio durante muchos años. Se encontrarían, después, en el Jordán. Juan sabe que es Jesús el que espera el pueblo de Israel y el mismo. Es el Espíritu quien se lo ha comunicado. La Escritura parece querer decirnos que no se conocían, que el vínculo familiar –eran primos— se había olvidado.
3. - Pero la liturgia de hoy quiere resaltar, sobre todo, la elección de Dios para esa misión que tendrá Juan que acometer, incluso aunque no quisiera. Así marca Dios a sus elegidos. El fragmento del capitulo 49 de Isaías diseña perfectamente esa misión. El Salmo 138, con su respuesta de elección portentosa, es lo mismo. A todos, Dios nos ha hecho igual, pero el elegido sabe de ello, sabe como ha sido. Reconoce la cercanía de Dios y su presencia indeleble para llevar a cabo la misión encomendada. Pablo, protagonista del relato del capítulo 13 de los Hechos de los Apóstoles, asocia perfectamente la elección de Dios en Juan, para predicar la llegada de su Hijo.
4. - Tuvo que ser muy relevante la misión de Juan el Bautista. Llegó a ser conocido y popular. El mismo Herodes le temía. Aunque muriera, después, por la debilidad del tirano. Sus discípulos fueron muy numerosos y de ellos iban a salir algunos de los que acompañarían a Jesús en su ministerio. Fue el caso de Juan y Andrés, que dio lugar a ese bello pasaje del Evangelio de Juan, cuando ellos dos siguen al Maestro. Y al volverse Él a mirarlos, le preguntan: “donde vives Señor” En fin, Juan supo además comprender –aunque con dudas— que era inferior al que precedía. Había recibido una misión, pero también una revelación directa, todo ello procedente del Señor. Supo descubrir al “Cordero de Dios que quita el pecado del Mundo”. Fue Juan el último profeta del Antiguo Testamento. Y el mismo fue frontera entre lo Antiguo y lo Nuevo.
5. - Jesús de Nazaret, Dios hecho hombre, también recibió del Padre una misión. Y la llevó a cabo con la misma entrega y determinación de todos los que han sido ungidos por el Señor. La misión de Jesús fue única e incomparable. Iba a ser altar, víctima y sacerdote ante Dios Padre, como inconmensurable sacrificio de reparación en nombre de todo el género humano. Pero en su condición de Hombre Verdadero fue arrebatado por dios a cumplir su misión. Por ello, hoy, todos deberíamos meditar sobre cual es la misión que Dios nos encomienda. Hemos de descubrir la elección portentosa que, sin duda, ha hecho en todos y cada uno de nosotros. Y es que Dios necesita de nosotros para seguir construyendo la Redención que inició su Hijo. Descubramos pues cual es nuestra misión.

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