Profesiones Solemnes de las hermanas Jaqueline y Victoria

El pasado sábado día 24 de septiembre, compartimos la alegría de dos nuevas Profesiones Solemnes de las hermanas Jaqueline y Victoria, monjas del Convento de Santa Clara de la Columna de nuestra localidad. Junto a ellas, otras hermanas de distintos conventos, el Cardenal franciscano D. Carlos Amigo y el asistente Fr. Manuel Tahoces.

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REFLEXIONES

1.- En aquel tiempo, llamó Jesús a los doce y los fue enviando de dos en dos… Ellos salieron a predicar la conversión. Predicar el evangelio de Jesús es predicar la conversión al Reino de Dios: un reino de santidad y de gracia, de verdad y de vida, de justicia, de amor y de paz. Tenemos que empezar por nosotros mismos, porque si nosotros no estamos convertidos, mal podremos convencer a los demás. En el evangelio de este domingo Jesús dice a sus apóstoles que deben predicar el evangelio, la buena noticia, con humildad, con sobriedad y atendiendo principalmente a los pecadores y enfermos. Los cristianos de ahora y de siempre debemos, pues, ser personas humildes, sobrias y extremadamente generosas con todos los que nos necesiten. La sociedad en la que nosotros vivimos no soporta a los hipócritas, corruptos y explotadores. Jesús fue, por encima de todo, una persona que pasó por la vida haciendo el bien; intentemos nosotros hacer lo mismo.

2.- Respondió Amós: “no soy profeta ni hijo de profeta, sino pastor y cultivador de higos. El Señor me sacó de junto al rebaño y me dijo: “ve y profetiza a mi pueblo Israel””. El profeta Amós no era profeta oficial, ni sacerdote del templo; era pastor y cultivador de higos. El que le acusaba y le pedía que se marchara a su tierra sí era sacerdote oficial y vivía de su oficio. Nosotros, los que predicamos el evangelio de Jesús, debemos hacerlo por vocación, no por los beneficios económicos o sociales que la predicación puede reportarnos. Porque es evidente que la predicación del evangelio en nuestra sociedad puede reportarnos beneficios económicos y sociales que nos distinguen entre los fieles con los que convivimos. Nuestro predicar debe ser siempre un acto de servicio humilde y generoso, que busca exclusivamente el bien espiritual de los fieles a los que nos dirigimos. El predicador, repetimos, debe ser humilde y generoso, presentándose ante los fieles como un humilde servidor, sin buscar nunca en primer lugar su propio bien, sino el bien de los demás. Si no lo hace así, no lo hace como verdadero discípulo de Jesús de Nazaret.

3.- Dios nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuéramos santos e irreprochables ante él por el amor… Él nos ha destinado en la persona de Cristo a ser sus hijos. Este himno cristológico que hace de pórtico a la carta de san Pablo a los cristianos de Éfeso tiene un contenido teológico muy amplio, que no vamos a comentar aquí. Sólo queremos resaltar dos detalles. Primero, que Dios nos ha llamado a todos los cristianos, en la persona de Cristo, a ser santos e irreprochables ante él por el amor y segundo: que hemos sido destinados a ser sus hijos. Que la santidad de los cristianos debe estar fundamentada en el mandamiento del amor, parece algo evidente, ya que el mandamiento del amor es el mandamiento nuevo de Jesús. Como dice san Pablo en más de una ocasión: si no tenemos amor no somos cristianos. Y, en segundo lugar, que Dios nos ha destinado a vivir como hijos de Dios. Esto es algo necesario en lo que debemos distinguirnos los cristianos, porque las personas con las que convivimos en esta sociedad no se distinguen precisamente por esto, por vivir como . A nosotros, a los cristianos, no puede gustarnos una sociedad en la que los valores competitivos, económicos, materiales, son los valores primeros. Para nosotros, como ya hemos dicho, el valor primero es el amor, y esto nos lleva a no poder aceptar una sociedad tan desigual, tan injusta, tan materialista y tan corrupta como la sociedad en la que vivimos. Vivir como auténticos hijos de Dios, viviendo según el evangelio de Jesús, nos obligará en muchas ocasiones a rechazar los principales valores en los que vive nuestra sociedad.

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