Adoración ante el Santísimo 29

Jesús predica a un Dios amigo de la vida

Un dato que se constata a lo largo de los Evangelios es que Jesús anuncia la Buena Noticia de Dios con palabras y con hechos.

A Jesús le oímos en las parábolas hablar del perdón y de la misericordia de Dios, pero luego El mismo ofrece perdón a los pecadores.

Jesús anuncia el Reino de Dios y su justicia, por eso lucha contra las injusticias y defiende a los que son víctimas de abusos.

Jesús predica a un Dios amigo de la vida y se dedica a sacar de la postración a los decaídos, a sanar a los enfermos.

Este estilo de actuar de Jesús claramente lo vemos en la escena de la mujer adúltera. Jesús no emplea muchas palabras para anunciar la Buena Noticia de Dios a aquella mujer y a aquellos escribas y fariseos que quieren apedrearla. Con su actuación valiente Jesús desenmascara la hipocresía de aquellos hombres, se opone a una ley inhumana, evita una injusticia, defiende a aquella mujer acosada por todos, le ofrece el perdón de Dios y le invita a una vida más digna.

Y es que, lo que la mujer necesita no son piedras sino que alguien le ayude y le ofrezca una posibilidad de rehabilitación, de reconocimiento de sus derechos personales y sociales.

Hoy, las corrientes feministas más radicales, plantean el problema de la mujer en términos de lucha y de combate. Es comprensible que al tomar mayor conciencia de situaciones y de comportamientos discriminatorios en bastantes mujeres se despierte el resentimiento, la ira o la agresividad.

Pero el problema está en saber si el camino violento y la mutua agresión entre los sexos nos llevarán al cambio deseado o provocarán un empeoramiento mayor y una reacción defensiva por parte del varón. Por eso, antes de enfrentar a los sexos en una batalla en la que una vez más saldrán perdiendo los más débiles, parece necesario promover juntos una “revolución de las conciencias” que reconozca y practique los derechos de todas las personas: mujeres y varones.

En el fondo del problema se da una “distorsión fundamental” de las relaciones entre los dos sexos, situación que se debe a la mentalidad machista de la sociedad.

La mujer se ve discriminada e infravalorada, y el varón se ve empobrecido precisamente al quedar privado de la debida aportación de la mujer. La revalorización de lo femenino y la igual dignidad de la mujer no es bandera exclusiva de las feministas, es tarea de todos, mujeres y varones, porque la revalorización de lo femenino es enriquecedora para toda la humanidad.

Y ¿qué podemos hacer? Dentro de esta tarea común todos hemos de eliminar ya de la conciencia social la doble moral por la que los mismos comportamientos son juzgados con diverso criterio, según se trate de mujeres o varones. Es necesaria toda una reeducación social, en la que la mujer participe en igualdad de oportunidades en todo lo que sea la vida política, económica, cultural y religiosa.

¿Por qué la infidelidad del esposo ha de ser “una aventura” y la de la esposa adulterio de una zorrona?

¿Por qué la conversación entre vecinas va a ser chismorreo de charlatanas y la de los varones en un bar una divertida tertulia?

¿Por qué es provocativa la mujer que resalta su encanto y no el varón que cuida su aspecto físico?

Hemos de reaccionar con mayor fuerza contra la vergonzosa manipulación de la mujer como elemento decorativo y reclamo publicitario. Es indigna esa imagen de mujer vacía, entretenida en sus cosméticos, en su gel o en sus perfumes, acariciando coches o electrodomésticos. Esa imagen de mujer fácil de seducir con regalos, con joyas o piedras preciosas, esa imagen de mujer idiotizada por cualquier desodorante masculino o por un vendedor de detergentes que lavan siempre más blanco. Toda esa publicidad es una despreciable manipulación machista que hay que tener el coraje de denunciar y de cambiar las actitudes y las estructuras que la provocan.

 

La ley nos manda apedrear

Hace unos años se hizo famoso el libro del “Retorno del hijo pródigo” de Henri Nouwen. Una linda meditación sobre el conocido cuadro de Rembrandt. Hay un cuadro de Lucas Cranach de la “mujer adúltera” del Evangelio, que es uno de los cuadros más reveladores de los sentimientos de Cristo para con los pecadores. Encontramos detalles finísimos.

Los rostros de los acusadores deformados, que manifiestan la deformación del corazón sin amor, sin comprensión. El corazón que en vez de amor, lleva dentro la ley.

La figura central es la de un Jesús con rostro sereno, pero firme, mirando a los que la acusan, en un gesto de reto y desafío. Jesús lleva un manto de rojo vivo, cuando todos estamos acostumbrados a verlo de blanco. El rojo del amor.

Mientras tanto, la pobre pecadora, tiene una cara de serenidad, de placidez y un sentimiento de confianza y seguridad. Da la impresión de querer apoyar su cabeza sobre el hombro de Jesús, como quien quiere refugiarse en él. Pero, tal vez, el gesto más simpático, sea la mano izquierda de Jesús estrechando la delicada mano de la pobre mujer, como diciéndole: “Tú tranquila, mujer. Déjame esto a mí, que a estos tipos ya me los conozco y sé de qué pie cojean”.

Una pobre mujer, sorprendida en adulterio.

Rostros endurecidos de la ley, con piedras en el corazón y en las manos.

Rostro de amor, de comprensión, de bondad, de esperanza.

Mano de Dios estrechando la mano de la pecadora dándole seguridad.

“La ley manda apedrear”. Pero la ley no tiene corazón.

“La ley manda apedrear”. Pero la ley no tiene comprensión.

Y el hombre en lucha consigo mismo: lucha por la fidelidad a la ley o la fidelidad al corazón.

Y termina prefiriendo la fidelidad a la ley que a su propio corazón.

La fidelidad a la ley prefiere la muerte del pecador.

La fidelidad al corazón y al amor prefiere la vida del pecador.

La fidelidad a la ley prefiere las piedras que hieren y matan.

La fidelidad al corazón y al amor prefiere el apretón de manos que devuelve la confianza y la esperanza de la vida.

En un Monasterio había un monje que tenía una vida poco edificante.

Uno de los monjes se acerca al “Maestro” y le pregunta: “¿Por qué no le echamos fuera para que no contamine con su vida el clima de santidad del monasterio?”

El Maestro guardó silencio. Como el monje insistiese, el Maestro respondió:

“¿Os habéis acercado a él para animarle a cambiar de vida?”

“¿Alguno de vosotros le ha tendido la mano para ayudarle?”

“¿Alguno ha rezado y ha hecho penitencia para que se convierta?”.

Todos guardaron un profundo silencio. El Maestro habló: “¡Entonces no puedo expulsarlo porque ninguno le ha amado y ninguno le ha prestado ayuda! Y a nadie se le puede excluir sin antes haberle amado primero”.

La ley está bien. Y es posible que sea necesaria.

Pero las leyes no son para matar sino para dar vida.

Y cuando las leyes no dan vida y no ayudan a vivir, ¿para qué las leyes?

“No es el hombre para el sábado sino el sábado para el hombre”.

Antes que la fidelidad a la ley, es preciso ser fieles a los hombres.

Antes que la fidelidad a la ley, es preciso ser fieles al amor.

¿A caso el perdón no es la mejor fidelidad a la ley?

Dios no quiere el pecado en el corazón del hombre.

Por eso, antes que leyes que condenen, puso el perdón como respuesta al pecado.

Y el mismo Jesús no dijo que al final nos examinarán de teología o de derecho canónico. Nos dijo que se nos examinará del “amor”.

¿No decimos en el Padre nuestro: “perdónanos como también perdonamos”?

Oración

Señor: He mirado a mi corazón

y me he sentido incómodo conmigo mismo.
Muchas veces me he creído más que los demás.
Pero cuando un hermano mío ha fallado,

me doy cuenta que su pecado
pone al descubierto mi pecado de falta de amor,

de falta de comprensión,
de falta de bondad y de perdón.
Porque, mi reacción ha sido el de condenarlo.
Y hasta me he creído con derecho a publicitar su pecado.
También yo me siento demasiado esclavo de mi fidelidad a la ley.
Tengo miedo a serte infiel si no cumplo con la ley.
¡Y no me siento infiel a ti, si no amo de verdad!
Señor: dame un corazón de carne

en vez de un corazón con piedras.
Dame unas manos que se tiendan al que ha caído.
Arranca de mis manos las piedras

que tengo para tirar a los demás. Amén

 

 

 

Información adicional