Adoración ante el Santísimo 27

CUANDO LA VIDA ES ESTÉRIL

¿Para qué va a ocupar terreno en balde?

Es el riesgo más grave que nos amenaza a todos: terminar viviendo una vida estéril. Sin darnos cuenta, vamos reduciendo la vida a lo que nos parece importante: ganar dinero, estar informados, comprar cosas y saber divertirnos. Pasados unos años, nos podemos encontrar viviendo sin más horizonte ni proyectos.

Es lo más fácil. Poco a poco, vamos sustituyendo los valores que podrían alentar la vida por pequeños intereses que nos ayudan a «ir tirando». Tal vez, no es mucho, pero nos basta con «sobrevivir» sin más aspiraciones. Lo importante es «sentirse bien» y «mantenerse joven».

No nos sentimos tan mal en esta cultura que los expertos llaman «cultura de la intranscendencia». Confundimos lo valioso con lo útil, lo bueno con lo que nos apetece, la felicidad con el bienestar. Ya sabemos que eso no es todo, pero tratamos de convencernos de que con eso nos basta.

Sin embargo, no es fácil vivir así, repitiéndonos una y otra vez, alimentándonos siempre de lo mismo, sin creatividad ni compromiso alguno, con esa sensación extraña de estancamiento, incapaces de hacernos cargo del propio sufrimiento y del ajeno de forma constructiva.

La razón última de esa insatisfacción es profunda. Vivir de manera estéril significa no entrar en el proceso creador de Dios, permanecer como espectadores pasivos, no entender nada de lo que es el misterio de la vida, negar en nosotros lo que nos hace más semejantes al Creador: el amor compasivo y la entrega generosa.

Jesús compara la vida estéril de una persona con una «higuera que no da fruto». ¿Para qué va a ocupar un terreno en balde? La pregunta de Jesús es inquietante. ¿Qué sentido tiene vivir ocupando un lugar en el conjunto de la creación si nuestra vida no contribuye a construir un mundo mejor? ¿Qué significa pasar por esta vida sin hacerla un poco más humana?

Criar un hijo, construir una familia, cuidar a los padres ancianos, cultivar la amistad o acompañar de cerca a una persona necesitada... no es «desaprovechar la vida», sino vivirla desde su raíz más plena.

 SIN EMBARGO, DIOS ESPERA

Algo que nosotros no sabemos hacer. Esperar, es para nosotros, “desesperar”. Ya nos hemos olvidado de esperar. Todo lo queremos al instante. Apretar el botón y que salga ya el premio. Por eso llevamos dentro tanta angustia, no sabemos dar tiempo al tiempo.

Ahí está la diferencia con Dios. 

Dios no tiene prisas esperándonos.
Dios no tiene prisas esperando nuestros frutos de santidad.
Dios no tiene prisas esperando que algún le digamos un “sí” de verdad.
Es que el tiempo de Dios es la eternidad, mientras que nosotros vivimos esclavos del reloj.

Saber esperar que nuestro matrimonio mejorará.
Saber esperar que nuestros hijos cambiarán.
Saber esperar que algún día conseguiremos trabajo.
Saber esperar que algún día seremos más felices.

Las prisas hacen más dolorosa la situación del presente.
Las prisas hacen que perdamos la esperanza.
Las prisas hacen que no veamos el futuro.
Las prisas hacen tan larga la noche que nunca llega el amanecer.

“Señor, déjala todavía un año; yo cavaré alrededor, le echaré estiércol, a ver si da fruto”.

Cada uno es esa “higuera de Dios” sin frutos y a la que Dios esperará un año más. Me pregunto cuántos años lleva ya esperándome. Lo único que me consuela es que el año de Dios no tiene trescientos sesenta y cinco días, sino que el año de Dios es toda mi vida. Por eso no pierdo la esperanza que algún día mi corazón cambiará de verdad.

 

1. La importancia de dar fruto o no

  • No es igual un árbol llenito de buenas manzanas que un árbol raquítico y con las ramas vacías y mustias…  A Jesús le debían de gustar de manera especial los higos, pues en varias ocasiones emplea parábolas que se refieren a esta linda fruta de nuestros huertos.
  • Pero a Jesús no le interesa tanto si son higos, manzanas o mangos. Jesús va siempre a lo profundo, a la enseñanza que se desprende de un árbol con las raíces secas y las ramas caídas…

2. ¿Qué piensas de tu vida?

  • No es por curiosidad. Tú necesitas hacerte estas preguntas: ¿Mi vida tiene sentido de la manera como la estoy llevando? ¿Cuántas de mis ramas están repletas de fruto y cuántas se mantienen en completa esterilidad? ¿No será el momento de comenzar a cultivar esas raíces olvidadas y a la intemperie?
  • No eres tú solo el que se beneficiaría de tus frutos. Hay unas personas muy concretas que están ansiosas de acercarse a ti y saborear el fruto de la amistad, de la sonrisa, de una palabra, de un gesto de perdón, de un momento de calma para conversar…

3. ¿Cuánto tiempo más de espera?

  • Tanto tú como yo hemos dejado para “mañana” muchísimas cosas… ¿Te acuerdas de aquel dicho: “No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy”? Y así nos ha lucido el pelo, ¿verdad? Pudiendo haber avanzado bastante más en nuestro camino, nos encontramos con la sorpresa de que seguimos siendo enanos en tantos aspectos de nuestra personalidad.
  • La parábola del evangelio es muy explícita. El patrón dice al criado: “¡Córtalo, pues está ocupando lugar inútilmente!” Esa suele ser la solución cuando un árbol no produce.
  • Pero he aquí que el criado,  con muy buena visión de las cosas, interviene: “Patrón, déjalo un año más… Así tendré tiempo para cultivarlo. Puede ser que así dé frutos en adelante. Si no, lo cortarás”.
  • No hace falta mucho esfuerzo mental para que nos demos por aludidos y sintamos la necesidad imperiosa de empezar a cultivarnos como personas y como creyentes. De lo contrario, seremos firmes candidatos a la mediocridad, que es el camino más corto para la insatisfacción y la esterilidad de la vida.
  • Podrás sobresalir en muchas cosas. Pero si te falta el brillo de tu mirada, el ardor de tu fe y la transparencia de tu alma, se te va a notar. Aquí no hay disimulos.

 ORACIÓN

Hay algo, Jesús, que siempre me ha impresionado: el saber esperar.

Espera la madre que su hijo/a regrese a su hogar.

Espera el enfermo recobrar la salud.

Esperan los esposos recomponer su matrimonio en crisis.

Esperan los hijos que sus padres acaben de una vez con su “guerra fría” .

Si nos fijamos un poco, todo es espera.

Como si la esperanza fuese el eje de la vida, como si sin ella nada tuviese sentido.

Así es, Jesús. Eso me reconforta y me llena de alegría. ¿Sabes por qué?

Porque sé que también me esperas a mí. Esperar es una forma de amar.

Si tú me sigues esperando es porque me amas. Así de sencillo.

Pero, Jesús, ¿por qué esperarme tanto…?¿Qué es lo que ves en mí que merezca tanto tu atención? ¡Ya lo sé! Tú esperas a que yo despierte de mi sueño para empezar a vivir mi Bautismo como a ti te gusta.

Esperas a que yo dé un giro a mi vida, pues tal como va, me voy al hoyo.

Esperas a que yo reaccione y me dé cuenta de que vivir de apariencias es lo más estúpido que puede haber.

Estás a la espera de que yo dé el primer paso para ese abrazo de reconciliación que tú sabes, porque de lo contrario llegaré a viejo con un feo tumor en el alma.

Esperas a que yo rompa de una vez con ese “amor prohibido” que se me coló en el alma, porque por ahí no sabré nunca lo que es ser feliz en la vida.

Aguardas, Jesús, con impaciencia a que yo comience una vida espiritual en serio, porque lo que es hasta ahora no deja de ser un barniz que no convence a nadie ni a mí mismo.

Esperas con ansia a que yo deje de andar arrastras en las cosas que se refieren a ti, porque eso significa que soy un peso muerto. ¡Y yo que estoy llamado a vivir y ayudar a vivir!

Tengo una familia, tengo una comunidad, tengo un grupo que me están esperando ¿A cuántos que confiaban en mí he defraudado?

Tu evangelio (tu Buena Noticia) de hoy revuelve mis seguridades y me lleva a preguntarte: -¿No estarás, acaso, cansado de tanta espera? ¿No habrá llegado el momento de “cortar el árbol seco” para que no siga ocupando un lugar inútil? Pero sé que tu paciencia y tu misericordia brillan más que tu justicia. Y eso me salva.

No has perdido la esperanza de que este pobre arbolito se recupere y llegue a producir los frutos deseados. Yo sé que tú sabes esperar, porque tú eres amor.

¡Gracias, Jesús, porque sabes y quieres esperar!

 

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