Reflexiones: Desnudo salí del vientre de mi madre...

El amor no siempre nos enriquece, el amor lo primero que hace es empobrecernos, lo entregamos todo. Todo ha de ser ofrecido y entregado a Dios. Para él son todas nuestras cosas, toda nuestra vida.

En el silencio se aprende este despojo, se aprende a desapropiarse. El silencio es el ofrecimiento de toda nuestra vida a Dios.

Ahí en el desapropio existirá un alivio y una epifanía de Dios. Dios empezará a irrumpir en nuestro despojo.

Todo puede ser un obstáculo para esta epifanía de Dios; por eso todo se ha de silenciar.

Dios necesita nuestro silencio. Pero Dios merece también nuestro silencio, para él son todas las cosas.

 

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