Historia del Templo

Historia del Templo

 

NUESTRA PARROQUIA

El día 12 de marzo de 1.967 se bendice la nueva parroquia después de su restauración, una vez hundida en años anteriores. El Sr. Obispo D. Manuel Fernández Conde en la carta que nos escribía con motivo de tal acontecimiento nos decía: “Nuestros pueblos poseen tesoros que encarnan los amores de sus habitantes, restos históricos, bellezas naturales, riquezas artísticas que son siempre un patrimonio inestimable, ilusión común.

Sin embargo, ninguno como la iglesia del lugar es la expresión de un sentido tradicional.

Los viejos muros de esta parroquia conservan - precioso relicario – las esencias más puras de los ideales sagrados de una feligresía”

   Nuestra Iglesia ha sufrido a través de los tiempos muchas transformaciones:

   En 1.272, parece ser que en este mismo lugar donde hoy se encuentra nuestra Parroquia   hubo un templo bastante reducido, lo que obligaría a que se construyese una nueva iglesia cuya obra se ha relacionado con Hernán Ruiz II aunque por causa de la dilación de su construcción se supone lógicamente la intervención de otros maestros constructores y de hecho se da el nombre de Juan de Ochoa para alguna construcción tardía del edificio. Se inició su reconstrucción en 1559, y 30 años después se hallaba a medio construir. Lo que explica que llegase la construcción de la misma hasta bien entrado el siglo XVII, correspondiendo a esta época la parte de los pies con la fachada y la torre junto con la portada. Fue dedicada al apóstol Santiago. Consta de una sola nave de120 pies de largo y 56 de ancho sin incluir las capillas y 71 de alto que termina en cascarón. Su portada es sencilla y de buen gusto y cuya reedificación en 1559 se   infiere de un rótulo que se lee en la capilla bautismal, hoy convertida en capilla de oración con sagrario. Esta capilla por su estructura no puede atribuirse a tiempos posteriores.

   El exterior resulta muy espectacular (Se puede apreciar en la fotografía de principios del siglo XX) con el largo buque de la iglesia jalonado lateralmente por una apretada sucesión de contrafuertes como si fuera un templo del gótico catalán (dibujo del plano).

A los pies, su desnuda fachada se remata en un gallardo cuerpo de campanas, muy clasicista. Se estructura mediante un vano de medio punto, se acompaña de otros vanos adintelados, todo ello articulado por pilastras toscanas.

   Su dependencia respecto al campanario de la torre de la catedral de Córdoba y sobre todo al de la iglesia de San Juan de Hinojosa del Duque no puede pasar desapercibida y justifica el que se haya pensado en Juan de Ochoa como el autor del proyecto. Bajo la torre se abre un profundo michinal que cobija la portada. Ésta de noble composición, se distingue por sus parejas de columnas jónicas, las cuales soportan un frontón roto con pequeñas volutas. Todo esto hace de la iglesia una importante muestra de la arquitectura cordobesa entre los siglos XVI y XVII.

   En el año 1.755 por causa del terremoto que hubo este año, se empezó a observa una gran hendidura en el cañón de la bóveda, motivo por el cual fue necesario construir tres arbotantes en cada lado en el año 1777. En este año quizá se empezó a construir la torre.

Sobre el muro de la fachada principal, quedándose sin terminar, pues sólo se terminó el primer cuerpo.

En la parte superior del cascarón y en el arco del presbiterio existían también algunas hendiduras que abrió un rayo el día tercero de la pascua de Pentecostés en 1784.

Esta Iglesia tenía tres altares: El mayor y dos laterales de los que el del lado del Evangelio servia de sagrario, y diez capillas, seis de dicho lado que eran dedicadas a San Bernardo, Dios Padre, la Resurrección, la Encarnación, San Juan Bautista y Jesús Nazareno. Las cuatro restantes pertenecían al lado de la Epístola: La de Jesús en el sepulcro, San Andrés, San Roque y la capilla bautismal.

   Delante del presbiterio en la capilla de San Bernabé, Dios Padre, Encarnación y san Juan Bautista tuvieron enterramientos varias familias del pueblo, familias, cuyos escudos nobiliarios se pueden ver aún en los frontispicios de las referidas capillas.

Lástima que no podamos observar las rejas que servían de puertas a estas capillas, de hierro forjado, desaparecidas en la última restauración de la iglesia en el año 1.967. Solamente existe una, la de la capilla de Jesús Nazareno, porque una familia muy devota de Ntrº Padre Jesús la recogió y hoy podemos verla en la puerta de acceso al patio de lo que fuera convento de la   Divina Pastora, por la calle Conde Don Alonso.

   En uno de los dibujos que presentamos se puede ver el plano de la planta de la Iglesia antes de 1.936, ahí podemos observar si lo comparamos hoy con la realidad que han desaparecido dos capillas a cada lado, el presbiterio, la sacristía y el patinillo lateral que existía entre los arbotantes del lado que hoy darían a la actual plaza de los Mártires.

Pero volvamos atrás en el tiempo porque merece la pena saber que en la iglesia primitiva se veneraban las imágenes de algunas ermitas que quedaron derruidas por el tiempo y otras de las aldeas que en lo antiguo existían sujetas a esta villa, tales como Ntrª  SRª de la Paz que estaba en la aldea llamada “La Gutierra, NtrªSrª del Castillo, así llamada por haber pertenecido a la ermita inmediata a la fortaleza de los Sotomayor que fue iglesia de “Villa Cerrada”y San Pedro y san Ildefonso que correspondieron a ermitas dedicadas a estos santos .

Se veneraban y aún existen las reliquias de San Lucas y San Valerio conservadas en dos relicarios repujados en chapa de plata que se conservan en nuestra parroquia.

La primera parroquia estaba regida por dos curas: Juan Dominguez y Ferrán Yañez, según documento existente en el archivo de la Catedral de Córdoba, fechado en primero de julio de la era 1.310, y según parece deducirse de este documento los curas de Gaete dieron los diezmos del ganado extremeño nacido en su término al cabildo de la Iglesia de Córdoba. Los libros parroquiales empiezan: los de bautismo en 1.551, los de matrimonio en l573y los de defunción en 1639.

   Aun lado de la iglesia estaba el cementerio que se empezó a usar en 1824 y hoy se encuentra convertido en el parque Sebastián de Belalcázar desde 1.975.                                                          A esta parroquia le fue concedido por bula del Papa Pío IV ganar un jubileo igual al que se gana en el Vaticano cada 25 años cuando se celebra el Año Santo, los días de la Asunción de Nuestra Señora y de la dedicación de San Miguel, desde las vísperas hasta puesto el sol en los referidos días, eso sucedía el día l5 de mayo de 1.564, a petición de Fray Miguel de Medina por su extraordinaria actuación en Roma. Hoy se está intentando actualizar, sin mucho éxito, dicho privilegio con gestiones en el Vaticano.

De la época de la guerra – 1936 -1939 – mejor es no decir nada porque todo se puede resumir en dos palabras:”destrucción e incendios”

Tan sólo se puede decir que se salvó la imagen del Cristo de la capilla de “Jesús en el sepulcro”, porque una mujer tuvo el valor de entrar y recogerlo, guardándolo en su casa, y hoy lo procesiona la hermandad de “Jesús de la Salvación en el Santo Entierro. Y también la orfebrería que hoy se conserva en la Parroquia. (fotos)

   Quisiera terminar como empecé, con palabras del Obispo D. Manuel Fernández Conde en el día de la inauguración de la nueva iglesia parroquial:

       “Dentro de esta iglesia se encuentran secretos de siglos, los altares sostienen las ofrendas de múltiples generaciones, contiene la historia anterior de los antepasados. El sagrario la virgencita, la imagen del patrón son recuerdos que hablan de un lenguaje casi divino, el de las relaciones con Dios.

¿Quien no piensa hoy en la Parroquia que se derrumbó? ¡Qué grandiosa era! Sus ruinas, cuando las visité me hablaban de una obra de gigantes, de hombres de acrisolada fe, ¡Qué pocas la superaban en la diócesis ¡

   La construcción fue inmensa, Belalcázar lloró el hundimiento de su Iglesia, y lo que más le ha costado es ver que las lágrimas de sus ojos corrían durante muchos años. Pero la hora de Dios llega siempre.

   Y desde aquel día una pequeña y perpetua lamparita pregona de día y de noche la presencia del Señor en medio de nosotros”.

        Recogido de varios documentos.

José Blanco Pizarro

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