Historia sobre la Imagen de la Virgen de Consolación

CONSOLACIÓN                                                        

“Consolatrix afflictorum”, consoladora de los afligidos. Era una advocación que se le decía a la Virgen en el rezo del Santo Rosario cuando éste se rezaba en latín antes de que la Iglesia autorizara la lengua vernácula en la liturgia.

Pero ¿de donde procede dicha advocación?

   Estando yo, en Barcelona en septiembre pasado, iba a misa a la parroquia de S. Agustín, donde también se venera a la Virgen de Consolación, y precisamente el mismo día que aquí en Belalcázar, incluso hay una imagen de ella y muy parecida a la que nos robaron.

Bueno, pues el párroco de esta parroquia, el día 8 de septiembre en la homilía de la misa que dedicó a Ntrª Srª de Consolación se refirió al origen de esta advocación y dijo más o menos:

   Todos conocéis la vida de S. Agustín; éste fue un santo que hoy es considerado como uno de los más grandes de la Iglesia. Durante los principios de su vida fue una persona de las más “perdidas”; pero siempre, aunque siguiera la doctrina de otras religiones no dejó de buscar la verdadera fe. Se cuentan de él muchas anécdotas, entre ellas, la del niño que se encontró en la playa queriendo transvasar con una concha toda el agua del mar a un hoyo que había hecho en la arena.

   De su madre, Santa Mónica, se dice que derramó por él tantas lágrimas y tantos sacrificios hizo por él, que alcanzó que la Virgen se le apareciera ofreciéndole una correa y diciéndole: “agárrate a esta correa y encontrarás la salvación de tu hijo”. Y así sucedió.

   Y decía este párroco: “Este fue el origen de la devoción a la Virgen de la correa”.

     Esa correa que hoy todos besamos dándole gracias a Ntrª Srª de Consolación por tantos favores como nos hace en nuestra vida. Pero vamos a situarnos en Belalcázar:

     Todos sabemos que la primitiva imagen de la Virgen de Consolación que se veneró en nuestro pueblo   fue destruida en la guerra civil. Era una imagen vestida como nuestra patrona hoy, según afirma D. Claudio Rodríguez en el boletín informativo de la fiesta de este año. Pero nuestra devoción viene de muy antiguo, su ermita se dice que fue la parroquia de un pueblo que existió en ese paraje, encontrándose aún alrededor de la ermita algunos enterramientos, vestigios de aquel pueblo.

   Mas, de eso no quiero hablar, porque mi finalidad es otra.

     Una vez terminada la guerra civil, y echando en falta esa imagen a la que tanta devoción tenía el pueblo de Belalcázar fue cuando un grupo de belalcazareños deciden fundar la hermandad de Ntrª Srª de Consolación. Esto sucedió al principio de los años cuarenta. Una vez fundada la hermandad, este grupo formado por D. Juan Manuel Botella, D. Francisco Fraga, D. José Calderón, D. Genaro Vigara y D. Pedro Blazquez, que de ellos él es el único que queda (Estos son de los que yo tengo noticias, puede que hubiera algunos más entre ellos)

     Estos deciden traer una imagen que respondiera precisamente a lo que he explicado con las palabras del párroco de S. Agustín de Barcelona (La virgen de la correa), característica de todas las imágenes que responden a esta advocación.

     Este grupo de hermanos deciden nombrar como Mayordomo a D. Juan Manuel Botella, que desempeñó este cargo, prácticamente hasta su muerte, y ellos fueron los que volvieron a despertar la devoción a Ntrª Srª de Consolación en Belalcázar, restauraron la ermita en lo que pudieron y pusieron un retablo de madera de estilo un tanto gótico, del cual todavía se encuentra por allí algunos restos.

     En los años cincuenta y sesenta, el párroco que tuvimos, D. Marcial Arias Serrano, le dio otra orientación a la hermandad, dirigiendo las actividades hacia las personas que vivían en los cortijos del paraje.

       Mandó arreglar los portales de la ermita, construyendo en ellos ciertas dependencias, cambió la solería de la ermita y quitando el retablo de madera colocó a la Virgen en una hornacina. También hubo años en los que la Virgen el día de su entrada en el pueblo no fue a la parroquia, sino que se llevó a la ermita de “El Santo”.

       Cuando D. Marcial fue trasladado a El Carpio, la hermandad quedó sin que nadie se hiciera cargo de ella. Fue Dionisio Núñez Hidalgo con un grupo de amigos los que le dan vida de nuevo. Ya Dionisio, había sido hermano durante el mandato de Juan Manuel Botella. Por aquella especial devoción que él tenia a la Virgen se le nombra Hermano Mayor y la hermandad toma un auge especial, así como el interés por adecentar la ermita: Se encementó la entrada, se hizo la pista de baile, se alquitranó el camino de subida a la ermita desde la carretera, se puso solería a la dependencia de en frente a la sacristía y a los portales de la ermita, se remodeló la hornacina de la Virgen con piedras de granito y Luis González Vélez   regala el altar mayor. También se arregló la casa del santero y se dejó toda diáfana para ciertas actividades de la hermandad y vecinos que la necesitaran.

   En esta época fue cuando se empezó a decir misa los sábados de marzo por la tarde en la ermita, puesto que era costumbre de que en estos días fueran a la ermita los devotos/as, bien a hacer una visita a la Virgen, rezar el rosario o estar de vela durante el día, como todavía se sigue haciendo.

     Cuando Dionisio Niñez se encuentra imposibilitado, la labor de Julián Moreno (q.e.p.d.) fue notable, él era el que se encargaba de cuidar los entornos de la ermita y otras labores.

     En estas circunstancias fue cuando se convoca una asamblea de la hermandad en el convento de los PP Franciscanos y sale elegido como Hermano mayor D. Manuel García Medina, el cual nombra como Secretario a Julián Moreno Calderón y demás vocales en la directiva.

La hermandad vuelve a tomar n nuevas iniciativas: Se hace el escenario en las inmediaciones de la ermita, colocando los dispositivos necesarios para dar sombra a la pista, se arregla la cruz recuperando el capitel primitivo de la columna donde está colocada la cruz. En la parroquia se le dedica una capilla a la Virgen, donde se coloca un cuadro de la Virgen de grandes dimensiones.

   En todo el camino de la romería y junto a las piedras donde descansan los romeros que llevan a la Virgen a hombros se colocan unos monolitos con azulejos donde aparece la imagen de la virgen. También se han colocado dos bonitas vidrieras que dan luz al altar mayor de la ermita.

   Lo que si quisiera hacer público desde aquí es la preocupación que existe en la directiva por el estado de peligro inminente en el que se encuentra el tejado de la ermita. ¿Nos lo vamos a dejar caer?....

   Y por último esta directiva se está ocupando de preparar los estatutos por los cuales se ha de regir la hermandad ¡En hora buena!

                                                                         Belalcazar, noviembre de 2.011

                                                                                   José Blanco Pizarro

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